Tristeza y salud

Para poder rendir, necesitamos tener un buen estado de ánimo, tener energía, alegría, buen humor y estar orientados hacia la actividad que queremos desarrollar. Sin embargo, la tristeza disminuye el rendimiento en todas las áreas de nuestra vida, no nos impide realizarlas, pero lo haremos más lentamente y no con la eficiencia deseada.

A medida que aumenta la tristeza, disminuye el estado de ánimo y nos vamos acercando cada vez más a la depresión. Cuando nos sentimos así, tenemos más probabilidad de mostrar un estilo de vida poco saludable, ya que la tristeza nos induce a desactivar el comportamiento social, laboral o de ocio y a dejar la práctica de ejercicio, a generar mayor activación fisiológica y malestar emocional y a incrementar el consumo de tabaco o de otras sustancias.

También ocurre el caso inverso, el hecho de padecer algún tipo de enfermedad está asociado con una mayor probabilidad de desarrollar un estado de ánimo depresivo. De hecho, este estado y la propia tristeza se asocian especialmente con el dolor, la discapacidad y la edad avanzada.

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