Ira normal e ira patológica

Hay consenso en afirmar que la ira es una reacción emocional básica para la adaptación y la supervivencia. Modular la reacción depende del individuo, de su naturaleza, pero también de los factores ambientales.

Todos los grupos sociales tienen sus normas para regular los conflictos y castigos para aquellos que violan las normas. La ira es aceptable cuando se expresa en relación a esas normas, pero se castiga cuando promueve conductas violentas que hacen daño a otros. Por eso la ira no es siempre útil y no siempre se hace un uso correcto de esta emoción. Estos son algunos ejemplos.

  • Cuando nos enfadamos, es conveniente tener cierta empatía con la persona que es objeto de nuestro enfado. Sobre todo porque tenemos que tratar de entender las razones de su comportamiento, lo que no significa tener que renunciar a nuestros intereses. La ausencia total de empatía puede tener como consecuencia que nos enfademos muy a menudo sin tener un motivo importante y esto tiene un coste: pasarlo mal, activarnos en exceso, que al final no nos tengan en cuenta…
  • No es conveniente expresar nuestra ira en una situación violenta cuando somos los más débiles y no tenemos suficiente protección. Debemos tener en cuenta que nuestro enfado puede cambiar la conducta del otro en el sentido deseado o no.
  • Tanto las personas que se enfadan en exceso y lo expresan, como las que no lo hacen y se encierran en sí mismas pero pasan mucho tiempo dándole vueltas al conflicto, pueden a la larga tener un problema, el riesgo cardiovascular por hiperactivación crónica y también el riesgo de que su enfado pierda efecto al acostumbrarse las personas de nuestro alrededor a nuestra manera de reaccionar.
  • Las personas que expresan su ira de forma inapropiada pueden provocar más conflictos de los que resuelven.
  • Las personas con estilo represivo de afrontamiento tienden, no sólo a inhibir la expresión de la emoción sino también la experiencia. Son personas que no se enfadan nunca, lo que ayuda a preservar la sensación de malestar que suele acompañar a la ira pero también a que estén siempre hiperactivadas ya que tienen que hacer un sobre esfuerzo para no desarrollar la experiencia de ira. Este estilo de afrontamiento también está relacionado con una peor salud.
  • La expresión frecuente y de manera agresiva de la ira tiene repercusiones negativas para la comunicación con los demás y acarrea problemas en las relaciones inter personales. En los casos más graves, cuando las personas manifiestan elevados niveles de ira y de impulsividad, la conducta puede volverse agresiva y si se trata además de personas con una pobre socialización, con trastorno explosivo intermitente o trastorno antisocial de personalidad, suele haber problemas de infracción legal.
  • Sin llegar a la agresión y a la infracción, algunas personas justifican su falta de control y apelan a la necesidad de que sean los que están a su alrededor los que comprendan la situación y perdonen esta falta de control. Esta puede llevar al maltrato, primero psicológico y después físico. Por eso no se puede asumir, si alguien no es capaz de controlarse tiene que buscar ayuda.

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