Estrés en los cuidadores informales

Tradicionalmente en España, la familia juega un papel muy importante a la hora de apoyar a aquellos miembros más débiles, con problemas o con algún grado de dependencia. No sólo se cuida desde siempre a los más pequeños sino también a los más mayores.

Este papel, también tradicionalmente, ha sido desempeñado por la mujer. Con la incorporación de ésta al mercado laboral, la mayor esperanza de vida y la consecuente aparición de enfermedades como la demencia o el hecho de que los hijos tarden en “volar del nido”, sus funciones como cuidadora de hijos, padres, marido, enfermos y discapacitados se han multiplicado y también los problemas de sobrecarga, un importante factor de estrés.

En general, la calidad de vida, el nivel de estrés, ansiedad y depresión de los cuidadores no profesionales de pacientes con Alzheimer o con demencia senil, está directamente relacionada con la duración y gravedad de la enfermedad. Las investigaciones realizadas acerca de la utilidad de las intervenciones sociales de apoyo al cuidador, reflejan que cualquier programa de apoyo no sólo mejora la situación de la persona dependiente sino que también repercute positivamente sobre su cuidador principal.

En muchas ocasiones, no acudir a este tipo de servicios ofrecidos por cada una de las comunidades se debe, bien al desconocimiento, a la negativa del paciente o bien porque el cuidador considera que es su obligación moral atender personalmente al anciano en lugar de dejarlo en manos más profesionales.

Una alternativa a este tipo de servicios es al entrenamiento psicosocial. Desarrollar habilidades de manejo del estrés y de resolución de problemas disminuyen la ansiedad del cuidador, mejorando su calidad de vida y por tanto, mejorando también el cuidado de las personas dependientes.

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