Entrenamiento basado en la mejora de las habilidades personales

Vamos a hablar de psicoeducación, entendida ésta como la adquisición de la información adecuada y la capacidad para manejar esta información de manera que se revierta el problema de salud física o mental que está comenzando a producir estrés o ansiedad.

Veremos a continuación una serie de elementos útiles que ayudarán a interpretar de manera adecuada la realidad y a aprender técnicas de solución de problemas e inoculación del estrés.

Cuando estas técnicas se centran en la persona, los programas se basan en el entrenamiento de habilidades para que se puedan conocer, detectar y controlar los síntomas o señales de estrés.

Uno de los elementos principales es ayudar a las personas a realizar una valoración adecuada de la realidad, modificando las visiones sesgadas de la misma. Este proceso se basa en la realización de un análisis exhaustivo de lo que la persona percibe como una demanda y de los recursos que esa persona tiene para atenderla. Con él, se tratará de ajustar la realidad al modo de percibir, atender y enfrentarse a las situaciones estresantes.

Pueden darse dos casos: Una persona puede sobrevalorar la amenaza real de una situación y estar convencida de que es mucho más negativa o difícil de lo que realmente es y a la vez infravalorar los recursos que tiene para enfrentarse a ella y solucionarla. También puede ocurrir al revés, que esta persona infravalore la situación y sobrevalore sus habilidades.

En ambos casos el proceso de valoración no es el acertado y el no ver de forma objetiva la situación, hace que como respuesta suframos estrés. Este será mayor o menor en función del grado de acierto, es decir, en función de lo cerca o lejos que estemos de la situación real.

Cuando no es posible cambiar la situación real, es cuando el entrenamiento en habilidades se torna más importante si cabe. Existen para ello tres grupos de técnicas, que son:

  • Técnicas de desactivación psicológica.
  • Técnicas cognitivas.
  • Técnicas conductuales.

Aplicar estas técnicas tiene como resultado una disminución considerable de los niveles de estrés y ansiedad así como la mejora del rendimiento y de la satisfacción. De hecho, es reseñable cómo disminuye el número de accidentes y de bajas laborales que se producen por estrés tras la aplicación de estas técnicas.

También hay que destacar que la ansiedad y el estrés están ligados a los procesos cognitivos, a nuestra manera de interpretar la información, en una doble dirección. Por una parte, tener creencias irracionales o expectativas negativas nos genera ansiedad y por otro, esta misma ansiedad altera procesos cognitivos superiores como son la atención, la memoria o la capacidad para tomar decisiones.

Vamos a ver brevemente cómo algunos procesos cognitivos pueden generar ansiedad:

  • LA VALORACIÓN. Cuando una persona valora una situación como una amenaza comienza una emoción negativa, la ansiedad, que se incrementa si el individuo considera que no tiene suficientes recursos para enfrentarse a ella. Modificando esa valoración cognitiva, esa forma de interpretar la información, conseguiremos disminuir la percepción de amenaza y con ello los síntomas de ansiedad.
  • LAS ATRIBUCIONES. Todos tendemos a hacer atribuciones causales sobre los resultados de nuestras acciones. Muchos estudios demuestran que el tipo de atribuciones está directamente relacionado con nuestros niveles de estrés y ansiedad. Si una persona no es consciente de las consecuencias de su forma de actuar tendrá un control más pobre de los acontecimientos importantes de su vida y los achacará a la suerte u a otros factores externos, lo que generará ansiedad y estrés.
  • LAS EXPECTATIVAS. Las expectativas son una probabilidad totalmente subjetiva de que un suceso pueda llegar a ocurrir. Si una persona tiene expectativas positivas de conseguir algo, es más probable que lo consiga que aquella que mantiene expectativas negativas. A mayor ansiedad, mayor número de expectativas negativas.
  • LAS CREENCIAS IRRACIONALES. A veces nuestro comportamiento se apoya en ciertas creencias de las que a veces no somos totalmente conscientes porque no las verbalizamos, no las discutimos y por tanto se convierten en convicciones que guían nuestra conducta. Un ejemplo es la necesidad de ser perfecto, y la perfección, como hemos señalado anteriormente, no existe. Puedes leer algunos datos sobre la Terapia Racional Emotiva de Ellis, que habla de una serie de técnicas para hacer ver a la persona que una creencia es irracional y ayudarla a modificarla.
  • LOS PENSAMIENTOS DEFORMADOS. Se trata de una serie de razonamientos equivocados que la persona da por buenos. Por ejemplo, las personas ansiosas tienden a exagerar la importancia de un acontecimiento negativo, lo que llamamos magnificación, o a minimizar un evento positivo.
  • LAS AUTOINSTRUCCIONES. Cuando tenemos una “auto charla”, una conversación con nosotros mismos. Una mala actuación suele estar precedida de una auto charla muy negativa.
  • LA AUTOEFICACIA PERCIBIDA. Con esto nos referimos al grado de control que algunas personas creen tener sobre sus emociones y sobre su conducta ante determinadas situaciones. Está directamente relacionada con la consecución de los resultados deseados e inversamente relacionada con el nivel de ansiedad que se alcanza al intentar conseguirlos.
  • EL RUMIAR O SESGO DE ATENCIÓN. Son términos que se refieren al hecho de que cuando estamos preocupados no hacemos más que darle vueltas y más vueltas a un problema o situación estresante. En este momento dedicamos demasiado tiempo a procesar la información amenazante en lugar de dedicarlo a buscar la solución. Los psicólogos utilizan un entrenamiento que consiste en corregir el foco de atención.

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