Estrés y activación

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Ya hemos comentado que ante las demandas de una determinada situación nuestro organismo se estimula y activa lo que permite alcanzar el objetivo y también volver a la normalidad una vez el estímulo ha cesado.

En estas situaciones que reconocemos como "estresantes", nuestro organismo libera unas hormonas, las catecolaminas como la adrenalina y la noradrenalina que por ello son conocidas como las "hormonas del estrés". Ellas son las encargadas de poner a nuestro cuerpo en modo de alerta y nos preparan para luchar, huir o atender otras demandas.

Cuando el estrés se mantiene en el tiempo llegamos primero a una situación de disconfort pasando después a un estado de agotamiento que puede producir alteraciones funcionales que se conocen como "enfermedades de adaptación". Cuando estos síntomas se perciben como negativos y nos preocupan, puede aparecer la ansiedad bien porque nos asustan los síntomas, porque no se pueden atender las demandas o bien porque podría haber consecuencias negativas para nosotros. A su vez, se incrementa la irritabilidad y tendemos a reaccionar con ira. Finalmente, si la situación se mantiene, puede disminuir el estado de ánimo y ocasionar depresión.

En la reacción al estrés podemos distinguir dos momentos:

  • Fase inicial del proceso del estrés. En esta fase, se pone en marcha un proceso que da lugar a una actividad cognitiva mucho más ágil. Cuando comenzamos a activarnos las ideas están más claras y el objetivo se dibuja con precisión. Es lo que habitualmente conocemos como ponerse en alerta o estar inspirado y permite trabajar de manera más eficaz y encontrar soluciones de manera más rápida a los problemas que van surgiendo.
  • Fase final del proceso del estrés. Cuando mantenemos el ritmo marcado en la primera fase durante mucho tiempo llega un momento en el que el funcionamiento óptimo se pierde. La capacidad de concentración se agota y comenzamos a pensar más en las sensaciones que en la tarea que debemos desarrollar. En esta fase final hay demasiada actividad cognitiva como para poder organizarla.

De acuerdo con los trabajos realizados por Selye, que aplicó el término estrés no sólo a las ciencias de la salud sino a otros campos como la arquitectura, el proceso de activación, que llamó Síndrome General de Adaptación, pasa por tres fases: alarma, resistencia y agotamiento.

En la fase de alarma, los seres vivos nos adaptamos a la presión de manera que los distintos sistemas fisiológicos aumentan considerablemente su actividad. En la segunda fase, la de resistencia, disminuyen su actividad aunque todavía se encuentran por encima de los niveles normales. Finalmente, en la fase de agotamiento, la activación cae por debajo del nivel básico. En cuanto a su duración, la primera es necesariamente corta, la segunda puede prolongarse durante bastante más tiempo y la tercera finaliza cuando se ha conseguido el objetivo y/o se han agotado los recursos.

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