Estrés y adaptación

Como ya hemos comentado anteriormente, el estrés es un mecanismo de reacción que se activa ante un problema para el que no tenemos suficientes recursos. Es un sistema tan antiguo como el propio hombre, que compartimos con animales y plantas, que nos permite reaccionar con rapidez y seguridad ante una situación para dar una respuesta.

La energía que alimenta nuestro organismo es un bien escaso que se obtiene, entre otras, de la alimentación, el agua, el oxígeno del aire o el sol. Cuantos más recursos tiene nuestro organismo mejor podrá atender las demandas de su funcionamiento. También el apoyo social, la adaptación, contribuye a mejorar la respuesta y a conseguir más objetivos.

Cuando nuestro organismo necesita activarse para resolver un problema o procesar una información muy compleja o amenazante no puede dedicarse a otras tareas que también necesiten muchos recursos. Es por eso que en este momento, para adaptarnos mejor, surge un proceso de estrés que activa los recursos más necesarios para atender a las demandas más urgentes y deja de lado o paraliza otros procesos que considera no necesarios en ese momento.

Por eso es muy común que una persona que acumula problemas o situaciones de estrés desde hace algún tiempo note que comienza a caérsele el pelo, que éste se vuelve más quebradizo, que se le reseca la piel o que se incrementa su eczema. Al mismo tiempo esta persona estará muy activada a nivel fisiológico y tendrá más tensión muscular o la respiración más acelerada, estará más activada a nivel cognitivo prestando más atención a las preocupaciones y también más activada a nivel conductual intentando por ejemplo dormir menos horas para paliar o resolver los problemas.

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