La felicidad

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Ya hemos hablado anteriormente de la diferencia que existe entre las emociones y los estados de ánimo. Las primeras son nuestra reacción ante determinadas situaciones, suelen ser intensas pero temporales. Sin embargo, los estados de ánimo están asociados a un conjunto de reacciones emocionales, tienen mayor duración y menor intensidad.

El afecto es un estado de ánimo y puede ser de dos tipos: negativo cuando prevalecen emociones como la tristeza o la ira y positivo cuando lo que se manifiesta más intensamente es la alegría o el orgullo.

La felicidad supone una autovaloración de sentimientos, acontecimientos, proyectos, objetivos etc. y depende de factores ambientales y también de factores biológicos. Realmente la felicidad está sometida a un sesgo cognitivo, es decir, nuestra manera de evaluar y valorar la situación, tiende a ser estable y está relacionada con emociones positivas. Por lo general, tienden a ser más felices las personas positivas y optimistas que las llamadas neuróticas. Esto es porque encajan mejor los golpes de la vida y saben extraer y disfrutar de lo bueno que les rodea mientras que en el segundo caso, tienden a ponerse en lo peor y sufren por ello. En general, existe una relación positiva entre el apoyo social y el bienestar subjetivo, es decir, entre apoyo social y felicidad. Aquellas personas que gozan de mayor apoyo social tienen una especie de colchón, algo que amortigua los golpes que se sufren a lo largo de la vida y las emociones negativas que se derivan de ellos.

En nuestra sociedad la búsqueda de la felicidad es tremendamente importante. Para muchas personas, alcanzar la felicidad pasa por el consumo de nuevos estímulos ya sean compras, viajes, nuevas relaciones etc. Sin embargo, está demostrado que esta búsqueda a la larga resulta agotadora y puede acabar comprometiendo tanto nuestra salud como nuestro bienestar. La investigación apuesta por fomentar otro modelo de búsqueda de la felicidad basado en saber disfrutar de lo que se tiene. Este modelo despilfarra menos recursos y potencia nuestra salud en lugar de comprometerla.

De acuerdo con la “Teoría del punto de partida”, cada individuo tiene, en términos de felicidad, un punto de partida que depende de su genética y personalidad. Los eventos que llamamos vitales, es decir, las situaciones que vamos viviendo a lo largo de nuestra vida como el matrimonio, la llegada de los hijos, la pérdida del empleo, un accidente o una enfermedad hacen que nuestro “nivel de felicidad” se desvíe por encima o por debajo. Sin embargo, según esta teoría, la adaptación hedónica, es decir, el hecho de que las personas nos acostumbremos a la situación que estemos viviendo o la aceptemos, hace que volvamos a nuestro nivel inicial.

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