Emociones y adaptación

Tanto el hombre como otras especies poseemos una serie de capacidades que nos permiten reaccionar de forma adecuada a las situaciones que se nos presentan a lo largo de nuestra vida y que son importantes para adaptarnos al medio y sobrevivir. Un ejemplo es la reacción emocional de miedo que se produce ante un peligro y otro el interés que muestran los niños ante lo desconocido y que les ayuda a explorar y su entorno.

Otras reacciones como atender las emergencias de manera inmediata, evitar el daño, vomitar sustancias dañinas, mantener relaciones con otras personas, reproducirse, ofrecer y recibir cuidados etc. son conductas emocionales que nos ayudan a adaptarnos al medio. Estas maneras de reaccionar son comunes a todas las personas aunque provengan de diferentes culturas lo que significa que son fundamentales para nuestra adaptación.

Si por ejemplo no reaccionáramos con miedo ante situaciones de peligro, nuestra vida podría correr peligro, si no nos enfadáramos cuando alguien nos ha hecho daño, no nos adaptaríamos a la vida en sociedad. En resumen, si no nos ponemos en alerta ante las amenazas y no reaccionamos ante la situación, no podremos a la larga corregirla o evitar sus consecuencias negativas. Tenemos que activar y gestionar los recursos de que disponemos para que cuando vuelva a darse la situación obtengamos un mejor resultado, una mejor adaptación.

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