Ansiedad y estrés

Junto a la experiencia emocional y las consiguientes reacciones de nuestro cuerpo, en situaciones de ansiedad se suelen observar otras conductas motoras más agitadas. Algunas de ellas son el temblor de voz, la tartamudez o la dificultad para expresarse y otras, llamadas reacciones consumatorias, como son el fumar, comer o beber en exceso. En general, todas son formas de actuar desajustadas o desordenadas que se producen cuando la activación es muy elevada, cuando existe falta de concentración o cuando estamos tratando de evitar la situación que nos provoca malestar.

Uno de los momentos más comunes ante el que experimentamos ansiedad es cuando nos sentimos evaluados por los demás. El Inventario de Situaciones y Respuestas de Ansiedad, ISRA, es uno de los instrumentos más utilizados en España. En él, se reflejan las veintidós situaciones más comunes que provocan ansiedad y la que se encuentra en primer lugar es la de “si tengo que hablar en público”. Esta situación puede generar reacciones tan intensas que en muchas ocasiones tratamos de evitarla a pesar de que este hecho pueda tener consecuencias nefastas para nuestra vida laboral o nuestro entorno.

De acuerdo con los modelos cognitivos, aquellos que estudian cómo asimilamos la información, la ansiedad está provocada no por la situación en sí, sino por cómo la interpretamos.

Pongamos un ejemplo.

Tenemos que desarrollar una tarea que nos han indicado. Podemos no tener una reacción de ansiedad, tenerla si anticipamos un resultado negativo o experimentar otro tipo de emociones como la alegría, la satisfacción o el orgullo si tenemos la expectativa de conseguir nuestro objetivo.

Una persona que lleve un cierto tiempo sometida a situaciones estresantes tiende a estar más activada de lo normal y a presentar mayores niveles de ansiedad, irritabilidad e ira. Si a largo plazo no se resuelve este estado emocional, puede adquirir ciertos tintes de tristeza e incluso llegar a un estado de ánimo deprimido, por cansancio emocional.

Como hemos dicho anteriormente, el estrés no sólo produce reacciones emocionales sino también un incremento de la actividad cognitiva, fisiológica y conductual para atender las demandas de la situación. Ya hemos hablado de que este esfuerzo no se puede mantener en el tiempo porque podemos llegar al agotamiento. Quizá sea más fácil verlo con este ejemplo: podemos realizar el mismo trabajo con memos operarios pero para ello tendrán que pensar y actuar más deprisa, trabajar más horas y descansar menos. Tras mantener en el tiempo esta situación llegará un momento en que los operarios estén tan agotados que no puedan mantener el mismo nivel de trabajo, la producción se resentirá etc.

Lo mismo ocurre con nuestro cuerpo. Después de agotar los recursos que hemos puesto en marcha para afrontar una situación, debemos descansar, dormir, comer y volver a una situación más calmada para recuperarnos del desgaste.

© Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad